Monday, January 02, 2017

Pensamientos al azar

El queso que se queda pegado en la olla de fondue es el más rico. De niñas, mis hermanas y yo peleábamos por rascar los residuos de la noche anterior. Con ese sabor a vino blanco y nuez moscada con un poco de pimienta, ya sin pan se saborea mucho más. 

El árbolito de navidad comienza a perder su encanto. Ya no llama tanto la atención y llega el momento de comenzar a guardar adornos y luces. En México esperaría a después de Reyes, aquí no le veo el caso. 

La lavadora de platos y la de ropa trabajan a marchas forzadas. Eso pasa después de las vacaciones y después de tener invitados. Es como esta necesidad de que todo vuelva a la cotidianeidad, de una rutina que nos dé seguridad y -también- confort. 

La cocina está llena de pan y dulces. Los sobrantes se preparan para convertirse en budín y en el refri quedan pocos vegetales. No sé en qué momento comencé a necesitarlos tanto. Me gustan y disfruto de sus aromas, colores y texturas. 

Es la segunda vez que lleno mi botella de agua. Es fácil olvidar tomarla y -con la calefacción- también es fácil deshidratarse.  Recuerdo a mi Pa diciendo que cargo mi "biberón" a todos lados en tono un tanto burlón. 

El teléfono no ha sonado y el silencio de las calles me llama la atención. Pasa un auto con una familia adentro y eso me hace sonreír. Extraño tener a la mía presente con planes en común como cuando éramos pequeñas. A veces me asusta la comodidad que tengo con mi soledad y pienso que jamás seré capaz de tener eso que alguna vez soñé. 

Me interrumpe una notificación del celular y rompe con mis pensamientos. Ésos que son al azar y que parecen difuminarse con lo cotidiano. 


Saturday, December 31, 2016

Seasons

Es septiembre y el aire se siente cálido y un poco húmedo. Salgo con Jack, inhalo y todo huele a verano. Tierra mojada, pasto recién cortado, humo de alguna parilla que está empezando a arder. Empiezo a caminar sin conocer las calles. Decido dar vuelta a la cuadra para ir conociendo poco a poco. Las hojas de los árboles se mueven al viento y las nubes se mueven lentamente. Se escuchan algunos niños riendo y reconozco las casas con vida adentro. Casi no he dormido y estoy agotada. Hace unas horas puse algunas cosas en tres maletas, a Jack en una transportadora y me subí al avión que vuela de madrugada aún sin entender bien qué pasó, cómo pasó y por qué pasó. Regreso a casa y me acuesto un rato. Necesito dormir.

Octubre llega con algunos dìas un poco más fríos y con los colores del otoño. Los martes parecen ser días de sol y y claridad sin precedente. Las puestas de sol desde mi ventana son mágicas y el ir y venir de los trámites burocráticos se pasan casi desapercibidos. El verde de las paredes y las frases sobre flores y plantas me hacen sentir extrañamente bien. Los colores en la hoja y las miles de fotos en mi teléfono tienen un propósito propio y un montón de enseñanzas. Las calabazas, los niños disfrazados, los dulces y las costumbres me hacen sonreír y me descubro disfrutando de la vida sin tanto caos, en un lugar nuevo, alejado de todo y rodeada de mucho cariño y mucho respeto hacía lo que soy, lo que quiero ser y todos mis sueños.

El frío se comienza a sentir un poco más en noviembre, los árboles ya han perdido sus hojas con excepción del maple plateado que está frente a la casa. Parece que no tiene prisa, que vive a su propio ritmo y que es diferente por convicción. Las flora se ha convertido en una constante en mi vida y la vida de campo me abraza y me da la bienvenida. Siete horas en el auto, una familia numerosa, niños, vacas, abrazos, regalos... más sueños cumplidos y un poco de mí desde otra perspectiva.

Es diciembre y el viento está casi helado. Las calles recorridas están en mi memoria y reconozco aquellas que forman túneles de viento y trato de evitarlas. Los niños ya no van a la escuela en su bicicleta y el sol ilumina de una manera distinta. El pasto se pinta de blanco y los atardeceres han cambiado de color. La casa se siente más mía y ellos también. Justo ahorita el sol pega en mi cara y Jack calienta mis pies. En la cocina D mueve cosas y M salió de compras. El silencio se convierte en tranquilidad y las lágrimas en magia.

Es sábado 31 de diciembre del 2016. No importa el tiempo, la hora o los minutos. La constante es el cambio y lo agradezco. "Hace falta tener valor para dejar todo atrás y hacer lo que tú hiciste". ¿Será?