Tuesday, April 27, 2010

Doña Cata

One can pay back the loan of gold,
but one dies forever in debt to those who are kind.
~Malayan Proverb

Unselfish and noble actions are the
most radiant pages in the biography of souls.
~David Thomas

Es a través de un recoveco entre las esquinas de dos casas que llegas al patio principal. La tierra, las piedras incrustadas en el piso, las gallinas con sus polluelos y decenas de macetones con flores simplemente hermosas te reciben como si fuera algo cotidiano, como si estuvieran acostumbrados a la gente, a los seres humanos.

Entro sin pedir permiso, así, sólo entro. Unos pasos y giro a la derecha, después de subir un escalón, me encuentro parada en uno de los lugares más hermosos que haya visto: la cocina de Doña Cata. Ahí está ella, frente a su fogón recogiendo las últimas tortillas azules recién hechas. Me ve y sonríe. Yo siento que me reconoce a pesar de no haberme visto jamás. Su sonrisa es auténtica, tanto como la carcajada de un niño de dos años. Me da la mano. Fuerte. Me pregunta si ya almorcé y me invita a sentarme en su mesa larga pero con pocas sillas. Me siento y entra Yazmín, su hija. Inmediatamente pone a calentar el chicharrón en salsa verde y en cuestión de minutos estoy saboreando unos exquisitos tacos con Coca Cola, como debe de ser, ¿a poco no?

Hago consciencia de que es la primera vez que Doña Cata, Yazmín y yo nos hemos visto. No importa. Platicamos cerca de una hora de todo, pero más aún, de lo que somos y de quienes somos. De la nada escucho a un borrego bramar y dos instantes después entra "La Nena" con su campanilla colgando del cuello. Saluda mientras acaricio su cuerpo cubierto de lana, pachoncito... ella va y se sienta junto a su ama, luego, se acuesta.

Así comienza mi pequeña visita a Casas Coloradas en el municipio de Villa Victoria. En casa. Después, todo es cuestión de ir y venir, de entrar y salir de la casa de Guille o de Yesenia, la empresaria del pueblo que tiene una hermosa papelería. Disfruto de los trabajos en punto de cruz tanto en la pared como en cojines y manteles. El sol brilla intensamente y mi piel se enrojece. Camino a la laguna, Yazmín me presta su chalina negra, la elegante, para que cubra mis hombros y me siento acogida, arropada y cuidada.

El tiempo transcurre muy lentamente; sin embargo, en su lentitud conozco a las nietas de Doña Cata, Ileana y a Pao (y a la de enmedio que no recuerdo su nombre), a Miguel, su tío de 7 años, a Lalo y a Osvaldo, a Daniela y a Janet. Bajo el ala de su madre, Ileana me pide que le enseñe mi coche. Nos vamos a Las Peñas (pueblo vecino) a disfrutar de un mágico atardecer. Es ahí en donde me doy cuenta del brillo en sus ojos, ése que se ve cuando se cumple un sueño. Me pregunto si ella nota el de los míos al ser testigo activo de la elaboración del pan de nata más rico que he comido en mi vida, ese hecho con las manos de Doña Cata...

El cielo atiborrado de estrellas y el becerro me acompañan por un rato. Puedo escuchar el viento y siento que me habla en secreto. La luna brilla más que en la ciudad. Llega Miguel corriendo y me quita a empujones de los escalones, me hace reír y me voy a dormir.

El canto de no sé cuántos gallos me despierta y el olor a polvo con maíz hacen que me levante. La promesa de un par de tortillas recién hechas logra que comience el día. La salsa picosa de leche y un poco de chicharrón crujiente y el maullido de los gatitos recién nacidos, me avientan hacia la orilla de la laguna, bajo un árbol en donde cerca de 30 niños me esperan para compartir cuentos y juegos. Dos horas de risas, abrazos, magia y ternura hacen una mañana perfecta de domingo.
Camino a casa nos detenemos a ver a Itzel, quien acaba de salir del hospital como por quincuagésima vez (insuficiencia renal). Leemos cuentos, contamos historias y en un instante el color gris de su rostro se convierte en un rosado vivo, su sonrisa refleja lo que estoy sintiendo y sus ojos se funden con los míos...


El ir y venir a casa de Doña Cata, el fogón siempre listo, el cielo azul "de ése como lejano", la laguna, las estrellas, el pan y Miguel...

Magia y la luna 100% llena.

Gracias.

*Fotos: Mond
"Casas Coloradas"

Friday, April 23, 2010

Hoy. Celebro. Gracias.

Así de fácil... o así parece serlo. De repente alguien cree en mí y yo creo en mí. Siempre he pensado que necesitamos de los demás para seguir, para movernos, que quien dice que lo hace por sí mismo es hipócrita y un poco mentiroso.

De repente tres personas creen en mí... quizás no tan de repente. Ellas, esas tres personas son las más importantes en mi vida, son las que me ven y no me juzgan, las que abrazan mi locura y las que sonríen ante mis ideas locas y un tanto desbocadas.

De ahí, tres más, cuatro, cinco. Así es como me muevo, como crezco y como lloro porque no puedo creer que crean en mí. ¿Será que ni yo misma lo hago?

Así me muevo. Con retroalimentación, cuando los otros me ven y yo noto que lo hacen, cuando me doy cuenta que lo que hago vale la pena, por ellos, por mí, por los demás.

Así de fácil. JA. Ojalá fuera fácil. Si lo fuera no tendría chiste, no sería movimiento, no iría hacia la luna... hacia las estrellas.

Gracias, ustedes saben a quienes me refiero.

Sunday, April 11, 2010

Siebzig

"Siempre he sido más reflexivo que práctico
y más soñador que hacedor.
Siempre he necesitado ilusionarme con hacer algo
para ser creativo o encontrarme desafíos para luchar."
~EDC


Es un día azul. La luz entra por la ventana, me recuerda cuando a entrabas a mi recámara y abrías las cortinas. Los pájaros comienzan a cantar y en su voz siento un dejo de nostalgia. No sé cómo pero percibo un olor a cigarro y a café. Creo que si me levanto, veré tus Commander en la mesa junto a la taza azul y tú estarás en la cocina dando vueltas sobre el piso anaranjado.

El motor del refri me regresa a mi realidad y noto una punzada en mi vientre. Me hago bolita bajo mis cobijas y espero a que el dolor baje un poco. Un poco de analgésico con un vaso de leche para que no lastime mi estómago.

Estás sentada en el desayunador y Mickey te acompaña. Me recibe con un pesty jefa y las dos nos reímos. Con lagañas en los ojos y mi camisón de flores amarillas te doy un abrazo fuerte y te canto el Happy Birthday. Te doy una flor que acabo de cortar del jardín y me pides que la ponga en agua...

Me levanto y noto que las plantas tienen hojas pequeñas, tiernas, nuevas... claro, es primavera y todo reverdece, todo florece y el viento ya no huele a frío. Hace unos días M notó mi buena mano para las plantas, creo que sabe lo que eso significa. Vuelvo a la cama. El calor de la almohada me hace bien.

Escucho risas a través de la ventana de mi baño. Tus amigas te acompañan con unas mimosas y, si uno pone especial atención, los diversos acentos extranjeros son los que hacen única esta reunión. Las espío a través de la ventana de mi cuarto y me pregunto si algún día yo seré grande y me rodearé de amigas como lo haces tú. Tus ojos se ven más azules con los rayos de sol que atraviesan la bugambilia...

El tiempo va y viene en mi memoria. Me lleno de recuerdos de ti e imagino lo que hubieras hecho para celebrar tus setenta. Mimosas con salmón ahumado con las amigas y, hoy, un restaurante con jardín. Quizás un viaje a Frankfurt o una escapada a Chicago para reír con F, C y los boys.

Yo sigo siendo tu hija, la misma que se quedó aquí el día en que tú te fuiste. Soñadora y creativa como mi padre y, de repente, un tanto práctica como tú. Extrañando a mi Ma y a mi amiga, la que me hablaba a NY para contarme los chismes de última hora.

Es domingo y es tu cumpleaños. Lo celebro recordando tus manos fuertes y tu sonrisa, tu cara y tu voz diciéndome una y mil cosas. Es domingo y son setenta años desde que naciste. Es domingo y te extraño con dolor en el pecho, con ganas de abrazarte, cantarte y tenerte. Es domingo y es 11 de abril...

Happy Birthday Ma!

*Foto: EDC
My mom, my train