Creo que perdí una almohada. En algún momento desapareció. Me levanto y la busco, no la encuentro. Me visto. Tomo mi pastilla diaria. Camino a la puerta y tomo las llaves... la correa. Jack salta emocionado. Como si fuera la primera vez. Bajamos las escaleras, coloco la correa y abro la puerta. Salimos. Viento frío y los rayos de sol colándose entre las ramas. Cotidianeidad.
Doblo a la izquierda y paso a través de los que esperan sus quesadillas matutinas. Unos metros más. No reconozco el olor. Frío. Sol. Azul. Repaso la lista y la esencia irreconocible aún no encuentra el cajón indicado en mi memoria. Hojas secas. Los coches que pasan. Aquel akita al otro lado de la calle. Inhalo. Swish. Swash. Barren.
Tu chamarra me envuelve como casi todas las mañanas frías. Otra vez el frío. ¿A qué huele? Doblo a la izquierda otra vez. Ventanas. Ardillas. Izquierda. Ladran dentro de las casas y pienso en escribir. Un claxon. Otro. Correa corta. Cruzo la calle. El árbol de flores gigantes. Una pausa. Esferas azules. Me detengo. Inhalo.
Sí, huele a almendras.
1 comments:
Me gusta cuando compartes tu cotaneidad con olor a almendras.
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