Friday, January 27, 2012

Hace falta

La caminata matutina siempre me hace consciente de mis pensamientos. Al salir y virar a la izquierda, me acuerdo de la señora vecina que siempre pregunta por "el chiquilín" y de su perro aquel que murió hace poco. El poste de luz de la esquina que tiene un corto y la maceta que se quedó sin geranios en algún momento del año pasado.

Vuelta a la izquierda y busco la bolsa de masa empotrada en el tronco del árbol esperando ser usada en unas ricas quesadillas. Inevitablemente me transporto a mi infancia, a la casa de junto en donde ella confeccionaba las más ricas de todas. Y esa salsa verde... la extraño.

A veces ya está ahí el camión de la basura y, ahora que están cambiando banquetas, el recorrido se hace menos civilizado y un poco más silvestre. Me gusta. Me invade la sensación de salir de la ciudad e ir a respirar aire de campo. Quizás aquella laguna en el Estado de México o, si se puede, ir un poco más allá.

Invariablemente pienso en el viento y en la temperatura. Hace tanto que no siento ese frío que hace temblar y creo que me emociona un poco la idea de que llegue el tiempo de calor. En la otra esquina siguen lloviendo jacarandas y -hoy por fin- logré identificar el ramillete de donde provienen. Está allá arriba, en lo alto, muy en lo alto.

Busco al "viene viene" que amablemente saluda todas las mañanas y hoy no está por aquí. Más adelante caen hojas de otoño y, al voltear, veo un árbol un tanto seco. Sólo en mi país prefieren las banquetas a los árboles. Quizás sea yo la que prefiera raíces a concreto. Quién sabe.

Rodeando la manzana y veo el edificio de frente. Pienso en él y en todo lo que compartimos en un rincón tan pequeño pero tan nuestro. Sonrío al acordarme de nuestras complicidades, nuestros enojos... nuestras historias tejidas.

Busco en mi mente los pendientes del día y trato de acomodarlos. Incluyo aquellos para pasarla bien y descarto los que aún no tienen fecha de vencimiento. Prioridades.

Entro al "depa" y me siento a escribir. A veces hace falta.