Thursday, January 31, 2013

Suspiro cotidianeidad

Jack ya se acomodó cerca de mis pies. Ya metida bajo las cobijas trato de repasar los sucesos del día y suspiro. Mis rumbos dentro de la ciudad comienzan a cambiar y esto provoca que mis ideas se empiecen a mover. Es como si el cambio provocara ganas de crear dentro y fuera del trabajo.

Los largos viajes en el auto me permiten enterarme de las noticias de mi país ya sea por radio o Twitter. Los paisajes que -a primera vista parecen ser los mismos- cambian constantemente y me ofrecen una extensa gama de posibilidades... se convierten en la paleta del pintor o la pluma del escritor.

El perro del vecino ladra al tiempo en que el garage de mi edificio se abre para luego cerrarse. En la esquina la lámpara de lava ilumina con sus movimientos rojos y los tacones de la vecina anuncian su llegada. Afuera, en la avenida, los autos siguen un ritmo constante marcado por el semáforo de la esquina. Un poco más lejos la tragedia de PEMEX promete una noche cansada, intensa y de trabajo arduo y cansado.

En su casa, mi Pa descansa y se recupera poco a poco. En el cielo la luna y -por allá- el hombre aún trabaja.

Suspiro cotidianeidad.

Tuesday, January 29, 2013

Siguen lloviendo jacarandas

Creo que me tomo la vida muy en serio. No me río tanto, no invento tantas cosas porque me rechazan, no quiero atreverme a hacer cosas locas y parece que quisiera entender el porqué de cada detalle y momento.

Siento que pierdo la cordura. Esa que te mantiene sana, ¿saben de cuál hablo? Últimamente tengo muchos miedos, vivo asustada y siento que se me va la vida en eso. Creo que es momento de divertirme más, sacar más fotos y de que me valga madres eso que ustedes llaman "mundo".

La vida es efímera. Ya sé, es un cliché y lo decimos una y otra vez. Más cuando nos enfrentamos a la muerte o a la cercanía ante ella.

Quiero crear muchas cosas, colorear más, escribir, leer, caminar, correr... Conocer más lugares, comer delicioso, hacer el amor, bailar y cantar muy fuerte. Reírme de mí misma, cocinar, estar sola, con los amigos, llorar, tomar más vinos y cervezas y seguir creyendo en las puestas de sol, las nubes y la luna... En mí.

De todos modos hoy la ciudad se pinta de malva.

Sunday, January 27, 2013

Lucky dragon

"Compartimos... ¡La vida!"



Abro los ojos y no son ni las 6 am. Todo está obscuro menos una ventana lejana de algún vecino. Inmediatamente siento ganas de levantarme. Voy al baño y, al regresar, la luz ya está apagada. Abro la cortina y me encuentro con un enorme dragón. Azul con rojo. Es un dragón de la suerte. Me guiña el ojo y yo, rápidamente, doy tres pasos atrás. Me asusto. ¿Y esta cosa, de dónde salió? Nos miramos fijamente. Sus ojos son verdes con un toque de morado. Sus alas son enormes y emplumadas. Brillan. Se combinan el dorado de sus pestañas y el plata de la luna llena. Es simplemente hermoso.

Un impulso me hace retroceder más. Tomo mi chamarra, me la pongo y camino al barandal. Me subo a la corniza y salto. Caigo en la espalda del dragón. Extiende sus alas. Volamos. Sin sentido, sin dirección. Un poco a la deriva y un poco hacia el sol. Empieza a amanecer y el cielo se aclara. En el espacio, una estrella.

Abajo los parques se llenan de niños y gente corriendo. Los perros paseando y las calles se tornan multicolor con los autos y camiones. Ya es tarde. Hay que volver.

Extraño volar.

2:01 am

Me despertó la falta de sonido de la mascarilla de oxígeno a presión que usa mi Pa durante la noche. Me levanté (por cuarta vez) a ver si estaba bien y cuando llegué a la recámara la cama estaba vacía y la mascarilla en el piso. En ese momento escuché un chorrito de líquido caer en el WC. Al asomarme vi a mi papá parado, sin apoyo. Estaba en el baño y había llegado por sí mismo.

Inmediatamente sentí alivio y -por más raro que esto se lea- mi corazón se saltó un latido de la emoción. Pensé en cómo damos por hecho las cosas más cotidianas, como ir al baño.

Platiqué con mi papá tres cuartos de hora. Se cuestiona sobre su infección, la cirugía, su estancia en el hospital. Me contó que a los 5 años lo operaron -en casa- de las anginas, que hubo infección y le dio bronconeumonía. Que mi abuelo salió de casa a buscar hielo porque la fiebre no cesaba. Que después de eso vinieron varias infecciones más durante su niñez y adolescencia. Que está seguro que en alguna de ésas hasta escarlatina le dio.

Todo esto me lo cuenta un señor de 79 años que nunca imaginó llegar a los 70 por los antecedentes familiares de expectativa de vida. Un señor que alguna vez tuvo un infarto masivo al corazón, cáncer de próstata, un aneurisma de aorta y una úlcera "sangrona" entre otras múltiples bronconeumonías más.

No puedo más que maravillarme de las ganas que mi Pa tiene de vivir. "Tengo que recoger los pedazos que se quedaron en el camino", me dijo refiriéndose a las cosas que aún están inconclusas: proyectos, pacientes... VIDA.

Si antes lo admiraba, después de esto, sé que no hay hombre a mi alrededor con más ganas de seguir "embarrándose de vida" que él.

Lo amo.

Thursday, January 24, 2013

De ayeres y presentes

"Start the car
I know a whoopee spot
where the gin is cold
and the piano's hot.
It's just a noisy hall
where there's a nightly brawl
And all that jazz."



Mientras Glee se escucha de fondo, mi papá está acostado en una cama de hospital y el hombre trabaja, yo trato de darle secuencia y orden a mis pensamientos. La intensidad del día me ataca con fuerza y busco cualquier pretexto para dejar de pensar y -aunque imposible- dejar de sentir.

Mi garganta se cierra al pensar en la muerte, en mi Ma, en aquellos que ya no están. De ahí salto a Nueva York, al invierno, el olor a frío y la estúpida nostalgia que siento por aquellos momentos y aquellas sensaciones. Sí, otra vez recurro a la regresión como mecanismo de defensa. Me hago bolita e invoco aquellos momentos felices de infancia. Mi casa con su jardín y sus chimeneas, el columpio, la higuera y mi papá llegando a las 10 de la noche de su jornada laboral.

Las calles de Nueva York en ese otoño de colores cálidos o en su primavera llena de "little pretty flowers" por todas partes. Mi Ma y yo en el ferry, mi Pa y yo en Central Park caminando y respirando el aire húmedo de verano.

Los teatros iluminados y mi perrita Happy con su suéter rojo. El uniforme a cuadros de la primaria y los niños dedicados a jugar "tochito" en el patio del árbol que ya no existe. Este espacio acompañado de él desde hace ya 5 años.

"Someone to hold you to close..." suena de fondo en la voz de Kurt. Eso es lo que me hace falta. Ese abrazo mientras yo me hago bolita y lloro un rato. Como el domingo. Igualito.

Wednesday, January 23, 2013

A mi lado

Si camino por la larga banqueta que lleva a la UTI, cuando estoy a punto de entrar a urgencias, "arrugo" la nariz y respiro profundo porque si hay algo que me molesta del hospital es su olor.

Tengo un olfato muy sensible. Algo así como el de un can. El olor de los medicamentos y antisépticos y demás líquidos que se utilizan en los hospitales suele penetrar a mis sínuses hasta mi garganta. Hoy no fue la excepción y las horas que pasé junto a mi papá sólo hicieron que el olor se colara ahí, en lo más profundo.

Mis manos, mi ropa, mi cabello se cubren de aroma a enfermo y, sin darme cuenta, provocan náuseas y matan mi apetito.

Hoy fue un día difícil. Entre los delirios de mi papá y mi conducta un tanto bipolar hacia mi hombre, mi corazón se siente apachurrado y -sobre todo- muy cansado de las altas y bajas del momento.

No importa. Mi papá está mejorando y el hombre sigue a mi lado.

Monday, January 21, 2013

R.P.B.I.

Me cuenta mi hermana que en el pasillo que está junto a la unidad de terapia intensiva (UTI), de vez en vez algunos enfermeros, enfermeras, camilleros y demás personal del hospital se detienen a besarse.

Un pasillo menos íntimo es en donde está la sala de espera de la UTI. Por ahí transitan de urgencias al resto del hospital ya sea en camillas, sillas de ruedas o caminando. Los de intendencia empujando carritos chillones y los de sistemas grandes CPUs con monitores especializados para esto de la materia médica.

El día que internaron a mi papá, pulían el piso una y otra vez, pero por alguna razón en vez de quedar más limpio sucedía lo contrario. Ahora, casi 5 días después, se observan dos tonos distintos así como diferentes texturas.

Dentro de la UTI, el tiempo pasa lento, no hay ventanas y los sonidos que destacan son los molestos beep beep de los monitores. El olor a medicamentos y desinfectantes se percibe con mayor fuerza que en el resto del hospital y la falta de contacto con el resto del mundo provoca náuseas y mucha tristeza.

Ahí, en una cama, la más lejana a la puerta de entrada, está mi papá. Pálido y débil, pero ya sin delirios y con más consciencia. Ya preguntando por nosotras aunque -todavía- sin saber de los besos, camillas, carritos chillones o piso bicolor.

Saturday, January 19, 2013

Burbujas de oxígeno

El aire acondicionado se escucha al escapar por las rendijas que lo contienen. Un poco más allá el tic tac de la bomba de infusión me dice que está trabajando correctamente. Afuera, en los pasillos, hay carritos que ruedan y voces de extraños que suben y bajan el volumen, que se acercan y se alejan.

El teléfono ya no ha sonado y él duerme desde hace casi dos horas. Tranquilo. Por un catéter, su cuerpo se reabastece de lo que le hace tanta falta. Las gotas entran a pelear con aquellas bacterias que producen el delirio y mientras allá afuera el mundo no se detiene.

Friday, January 18, 2013

En el hospital

Cuando se es joven y sucede algo que nos lleva al quirófano, la recuperación suele ser tediosa, dolorosa y quejosa. Aún así, la juventud nos regala fuerza, ánimos y ganas de echarle pa'delante.

En una persona mayor, definitivamente no es igual. Una emergencia quirúrgica a los 79 años te lleva a darte cuenta de lo importante que es cuidar tu cuerpo y disfrutar cada instante de vida.

Aquí estoy. Sentada en un cuarto de hospital viendo a mi Pa dormir a ratitos, escuchando sus quejas y siendo testigo de su frustración por no tener el control de su cuerpo, de lo que le pasa y de sus ganas de pararse e irse a casa a descansar.

Está pálido y desganado. Su paciencia es poca y su conversación, nula. Sólo contesta preguntas y el resto del tiempo está en silencio. De vez en vez cotorrea con alguna enfermera, pero luego vuelve a su silencio, ése que me duele un poco.

Me gustaría escuchar sus pensamientos, aquellas mentadas de madre que -estoy segura- son muchas, esos ires y venires en sus tiempos sin secuencia o los recuerdos que vuelven en la soledad de la cama de hospital.

Aquí el tiempo es lento, la luz artificial y el sonido extraño. Aún así, aquí está, frente a mí... Vivo.