Sunday, September 21, 2014

Siete minutos

6:48 pm Se escucha el motor del refri y uno que otro automóvil sobre Insurgentes. Jack está hecho bolita a mi lado y el teléfono se actualiza mientras escribo.

Tres días encerrada y estoy a punto de volverme más loca. Las plantas tienen agua y mi cama ya no es placentera. Me urge salir. Un cambio.

Toso de vez en vez y algo en mi pecho ronronea. Caen unas gotas de lluvia y el pavimento desprende ese inconfundible olor a asfalto. Un avión, quizás dos, sobrevuelan el edificio. La tele apagada y las fotos incitando a la nostalgia.

El silencio que rodea el ruido es algo doloroso. Me recuerda el espacio vacío en mí misma y las cenizas del tiempo que se va. El ámbar de la luz que se refleja desde la habitación me regala una sensación de tranquilidad y los últimos minutos de luz natural se cuelan por la ventana de la sala.

Una moto, el auto del vecino y la calma de domingo. Mi cabeza sin descanso y la flor que se marchita. No sé. Radicalizar. Eso.

6:55 pm Alguien me busca. Regreso.

Monday, September 15, 2014

Tus pisadas

Son tus pisadas, esas que das con cautela mientras subes cada escalón para llegar al umbral de mi puerta. Te siento cada vez más cerca, cada vez más nosotros.

Entras, me abrazas y me rompes un poco. Tu mirada me tuerce el corazón, sólo son algunos minutos. Tus labios se acercan a mi boca y tu aliento me invita a probarte. Ese sabor tan tuyo que se mezcla con las esencias de mis palabras y mi silencio. Lo que provocas va más allá de lo imaginable.

Los escalofríos me recorren y comienzo a sentirme mujer. Tu mano en mi cabello acariciando la pasión que está ahí, guardada. La otra en mi espalda, sobre mi blusa. Mi piel deseando sentir la tuya y tú con miedos y esa estúpida moral que llegó de la nada hace algunos meses.

Te sientas a mi lado y me escuchas, como siempre y como nadie nunca lo ha hecho. Entrelazas tus dedos con los míos esperando conectar el deseo, funciona por unos segundos. Sonríes y acomodas tu cabeza en mi regazo. Buscas estar conmigo, en mí sin límites sociales. Aún así, no te atreves.

Son tus pisadas, esas que das con cautela mientras te acercas a la puerta. Te siento cada vez más lejos, cada vez más tú sin mí.