Wednesday, December 23, 2015

Espejismos físicos

Ayer murió mi tía Raquel. Tenía algunos años de no verla. Después de sus 80, no era fácil que saliera de casa y su memoria ya le fallaba. Pero cuando yo era peque, todas las navidades y eventos familiares, ella estaba ahí. Con sus ojos verdes y su cabello teñido de rojo. Siempre fumando Raleigh y con alguna prenda de vestir verde. Muy maquillada, sus uñas pintadas y oliendo a algún perfume que jamás sabría distinguir.

Siempre le decía "tía". Así me enseñaron. Su inglés perfecto después de años y años de enseñarlo y su pareja de años fumando puro y muy escandaloso. Nunca hemos sido familia muégano. Podría decirse que todo lo contrario. En momentos creo que quien murió ayer fue una mujer extraña quien de vez en vez iba a casa. Pero la recuerdo bien. Su voz, sus miradas, sus manos...

Tenía dos hijos. Del mayor no tengo recuerdos. La gente me habla de él y yo no tengo una imagen en mi mente ni un sólo recuerdo al que pueda asociar las historias. Desconocido existente. La peque siempre ha estado presente en mi memoria. Cabello largo, lacio, sus ojos igual de verdes que los de mi tía. Muy delgada con su cuerpo de bailarina llegando a lo huesuda. Su voz finita y su risa igual de pequeña que ella. Siempre pegada a mi tía, siempre sola y siempre con un dejo de tristeza en la mirada.

Eso pasa cuando las familias no se procuran. Los recuerdos son simples espejismos físicos y la mente no logra encontrar anécdotas por más que las busca en los rincones más obscuros. Yo no quiero que me pase eso con mi gente. Con mis hermanas, mis sobrinos, mis adoptados. Quiero permanecer y pertenecer. Quiero ser más que un reflejo de ojos color aguapuerca. Quiero ser, estar, hacer...