Saturday, December 31, 2016

Seasons

Es septiembre y el aire se siente cálido y un poco húmedo. Salgo con Jack, inhalo y todo huele a verano. Tierra mojada, pasto recién cortado, humo de alguna parilla que está empezando a arder. Empiezo a caminar sin conocer las calles. Decido dar vuelta a la cuadra para ir conociendo poco a poco. Las hojas de los árboles se mueven al viento y las nubes se mueven lentamente. Se escuchan algunos niños riendo y reconozco las casas con vida adentro. Casi no he dormido y estoy agotada. Hace unas horas puse algunas cosas en tres maletas, a Jack en una transportadora y me subí al avión que vuela de madrugada aún sin entender bien qué pasó, cómo pasó y por qué pasó. Regreso a casa y me acuesto un rato. Necesito dormir.

Octubre llega con algunos dìas un poco más fríos y con los colores del otoño. Los martes parecen ser días de sol y y claridad sin precedente. Las puestas de sol desde mi ventana son mágicas y el ir y venir de los trámites burocráticos se pasan casi desapercibidos. El verde de las paredes y las frases sobre flores y plantas me hacen sentir extrañamente bien. Los colores en la hoja y las miles de fotos en mi teléfono tienen un propósito propio y un montón de enseñanzas. Las calabazas, los niños disfrazados, los dulces y las costumbres me hacen sonreír y me descubro disfrutando de la vida sin tanto caos, en un lugar nuevo, alejado de todo y rodeada de mucho cariño y mucho respeto hacía lo que soy, lo que quiero ser y todos mis sueños.

El frío se comienza a sentir un poco más en noviembre, los árboles ya han perdido sus hojas con excepción del maple plateado que está frente a la casa. Parece que no tiene prisa, que vive a su propio ritmo y que es diferente por convicción. Las flora se ha convertido en una constante en mi vida y la vida de campo me abraza y me da la bienvenida. Siete horas en el auto, una familia numerosa, niños, vacas, abrazos, regalos... más sueños cumplidos y un poco de mí desde otra perspectiva.

Es diciembre y el viento está casi helado. Las calles recorridas están en mi memoria y reconozco aquellas que forman túneles de viento y trato de evitarlas. Los niños ya no van a la escuela en su bicicleta y el sol ilumina de una manera distinta. El pasto se pinta de blanco y los atardeceres han cambiado de color. La casa se siente más mía y ellos también. Justo ahorita el sol pega en mi cara y Jack calienta mis pies. En la cocina D mueve cosas y M salió de compras. El silencio se convierte en tranquilidad y las lágrimas en magia.

Es sábado 31 de diciembre del 2016. No importa el tiempo, la hora o los minutos. La constante es el cambio y lo agradezco. "Hace falta tener valor para dejar todo atrás y hacer lo que tú hiciste". ¿Será?

4 comments:

Sylvia said...

Me gusta cómo vas aprehendiendo los lugares y te vas modificando con ellos. Es rico leerte.

txusman said...

... y aquí me tienes... leyendote, otro año y ya son unos cuantos, sonriendo cuando quiero comentarte algo... y es que solo me sale sonteir, bueno, tun ya me entiendes....
un abrazo muuuuuuy fuerte.

Chrystian Fernandez said...

Amo tu incansable lucha por tus sueños. Te quiero

Dorix said...

Pues sí, "hace falta tener valor para dejar todo atrás" :)