Monday, September 25, 2017

Entumecida

Es una sensación de vacío, que no hay lugar o persona alcanzable y que nada de lo que se hace será suficiente. Los recuerdos golpean como madrazo en cuestión de segundos. Se sintió muy fuerte, como el de aquel otro 19 de septiembre... hace 32 años. La diferencia radica en que -en esta ocasión- tenía bajo mi responsabilidad 17 vidas ajenas, 17 pequeños de 13 años. ¿Salieron todos del salón? ¿No se quedó nadie asustado bajo una mesa? Esto parece no detenerse. Después, todo recuerdo está borroso hasta que empiezo a darme cuenta que hay varios chavos llorando, en crisis nerviosa. Poco a poco me acerco a ellos y trato de sincronizarme con su sentir. Son apenas uno o dos años más grandes de lo que yo era hace 32 años. Comienzo a ver redes sociales... se cayó un edificio, dos... ya hay gente ayudando a quitar escombros. "Escombros". La palabra resuena en mi memoria y el recuerdo de mi infancia me deja el corazón entumecido. No quiero sentir, no debo sentir, no hay modo de sobrevivir si me voy al pasado con la intensidad con la que siempre logro hacerlo. Un par de horas después, seguimos entregando niños. Mi familia está bien. Es tiempo de ir a casa. Ya no tengo señal. No sé qué está pasando allá afuera. Por la casa y el trabajo sólo hay mucho tráfico por la falta de luz y porque todos quieren llegar a algún lado. Entro a casa y Jack está bien. Mi casa está bien. Llega la luz y -mientras espero a mis sobrinos- reviso redes sociales. Ya no son sólo dos edificios, ya son más. Sigo sin sentir y me subo al auto con la esperanza de llegar al abrazo, al reconforte y al desahogo. No me queda más que sentarme frente a la tele a ver todo lo que ha pasado en las primeras horas después de esos segundos surreales. Esto apenas comienza. Lo sé muy bien. Casi una semana después y yo sigo vacía y entumecida. Sin dolor pero llena de tristeza y de esos recuerdos de hace años que se colisionan con los recuerdos que se han ido formando en los últimos días. Un puño arriba. Silencio. Las calles vacías y la ayuda desbordada y solidaria. Los jóvenes -mis jóvenes- sin dormir, con el corazón apachurrado pero con orgullo de una nacionalidad que siento mía sólo por nacimiento. Estoy sola y con gran necesidad de un abrazo. Con necesidad de ser yo y ayudar, de estar, de ver y ser vista. México tiene hoy un nuevo significado en mi vida. México se resignifica. En este vacío espero construir de nuevo. Esperanza, sueños, magia... esa magia que se fue el 19 de septiembre a la 1:14 pm.

1 comment:

Sylvia said...

Yo también busco la forma de definir lo que siento, lo que vivo. Este desorden que se acumula que no deja bien percibir, o más bien que busca percibir diferente. No lo sé, quizá tarde semanas o días, quizas no lo sepa pero leer tus palabras me ayuda en mí búsqueda.